“Vidas privadas”
El mundo no termina de conocer un escándalo para enterarse de uno nuevo, o las derivaciones de ellos. Escándalos y situaciones que nos dejan con la sensación de tremenda desconfianza en aquellas personas a quienes, poco antes, teníamos en alta estima y admiración. O respeto solamente.
Las figuras públicas son objeto del escrutinio obligado y hasta obligatorio. Cuando detentan poder o cuando son mediáticos, su vida privada queda muy amenazada. Bien reza el dicho que “la mujer del César debe ser decente y, además, parecerlo”.
Es comprensible que la gente en general siga con avidez el comportamiento de ciertas figuras de relevancia. Muchas de ellas son importantes para la vida de algunos, de demasiados. Y es un hecho cierto que muchas figuras hacen sus vidas y actividades del conocimiento de todos. Hace unos años, esto se limitaba a periódicos y revistas, noticieros o programas de radio y TV. Hoy día, las redes sociales y sus plataformas son de uso común por parte de quienes quieren exponerse, y por parte de los muchos interesados en sus asuntos.
(Imagen: Wikipedia modificada con Gemini)
La privacidad personal y familiar merece y necesita de mucho respeto. En la tradición judía se prohíbe al rey mostrar su torso desnudo. A sabiendas de que un rey es tan solo un ser humano de carne y hueso, con la misma anatomía al desnudo de cualquiera de sus súbditos, esta directiva es importante. La cotidianidad del dirigente, la privacidad del líder no debe ser expuesta. La conducta debe ser correcta y ejemplar, los detalles están de más. El torso desnudo del rey vendría a significar una familiaridad que está de más. Una insinuación a una igualdad mal entendida que puede llevar a perder el respeto por la majestad del cargo y la función asignada.
En nuestros muy agitados días, presentar la cotidianidad de los líderes constituye una actividad común. Es presentar el torso desnudo. A veces para acompañar una denuncia cierta, otras veces para explotar un desagradable morbo mediático.
Israel vive siempre una tensión al límite en temas de seguridad y defensa. No sale de una para entrar en otra. Y aun dentro de una coyuntura difícil, se anidan otras igual de complicadas. Librando una guerra en siete frentes implacables, la vida privada del primer ministro y un juicio por varias causas constituyeron y constituyen noticias de primera plana. La intromisión en las vidas privadas no se limita al primer ministro, se extiende a todos en el panorama político. No siempre para traer pruebas y hechos, muchas veces para descalificar y alimentar suspicacias; utilizarse para otras arenas.
La vida privada de muchos está privada de privacidad. Es el precio de ejercer el poder y tener fama
Los archivos de Epstein son ahora tendencia. La conducta inmoral de una persona, sus relaciones y contactos con decenas de personajes públicos y notorios, son motivo de una exacerbada campaña para saber y detallar quiénes y cuándo tuvieron contacto con este personaje tan detestado en estos momentos. Todos los que tuvieron algo que ver alguna vez con Epstein se deben sentir al borde de, mínimo, una publicidad o información negativa.
Los archivos de Epstein salpican a muchos notables de la política y el quehacer importante en los Estados Unidos de América. También de Israel. Son muchos archivos, son muchas personas. También salpican a uno que otro político israelí, incluyendo un exprimer ministro. Verdad y suposiciones, ficción y realidad, llegan a filtrarse.
No se pretende ser permisivo con las actuaciones de Jeffrey Epstein ni sus amigos. Pero tampoco resulta saludable ni constructivo revolver con inconfesables intenciones un tema nada constructivo y, en el camino, llevarse por delante a algunos inocentes también con cuestionables intenciones. No nos hace ningún bien tener líderes corruptos y de mala conducta, pero tampoco ir denunciando y acusando a priori a unos y otros.
La vida privada de muchos está privada de privacidad. Es el precio de ejercer el poder y tener fama. También la consecuencia de ser descuidado, y hasta confiado.

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