“Amenaza existencial”

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Desde su declaración de independencia, y aun antes, el moderno Estado de Israel tuvo momentos en que su existencia estuvo seriamente amenazada. En 1948, los líderes de los países árabes que entraron en guerra anunciaron que echarían a los judíos al mar. Amenazas similares tuvieron lugar otras veces, como antes de la Guerra de los Seis Días de 1967. En 1973, los primeros días de la Guerra de Yom Kipur fueron muy duros para un Israel confiado en su superioridad bélica, que resultó sorprendida según algunos, obviada cualquier iniciativa preventiva según otros, pero que dejó la sensación cierta de correr un peligro existencial.

En la larga lista de guerras y batallas, ninguna de ellas fue cómoda. Las victorias se obtienen a costa de mucho dolor y sufrimiento, de vidas perdidas, de condenas muy injustas. En octubre de 2023 se sintió una vulnerabilidad que, sin significar un peligro existencial inmediato, abría las puertas de estos complicados días que se viven en el Medio Oriente y cuyas consecuencias se ven en buena parte del mundo.

Menajem Beguin, el primer ministro que consiguió los acuerdos de paz con Egipto, decía que no se tomaba ninguna amenaza contra su pueblo como una broma o algo insignificante. La historia le había enseñado que la determinación de quienes quieren acabar a los judíos o con Israel es peligrosamente real. Por eso no dudó en destruir el reactor atómico de Iraq sin previa consulta con el presidente Ronald Reagan.

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Extensos daños causados por un misil balístico iraní en la ciudad de Dimona, al sur de Israel, el 21 de marzo
(Foto: Flash90)

Shimón Peres, otro de los fundadores del Estado y mítico protagonista de la historia de Israel, también era un convencido de la necesaria e imprescindible superioridad militar que necesitaría siempre Israel para sobrevivir en su zona.

Tomar con absoluta seriedad las amenazas contra Israel no es siempre fácil ni lógico. Hay quienes perciben a los israelíes y a los judíos como algo paranoicos. A decir verdad, el deseo de destruir a Israel por parte de algunos vecinos, y no vecinos, no tiene asidero si se toma en cuenta un muy simple cálculo de costo-beneficio. Pero no ha existido ninguna iniciativa antisemita, antijudía, que haya sido de utilidad para el perpetrador. Los españoles de la Inquisición y la expulsión perdieron antes que ganar algo. Los alemanes de la Segunda Guerra Mundial desviaron su esfuerzo de guerra en su obsesión antisemita. Los determinados miembros de Hamás en Gaza crearon un aparataje de túneles y cohetería, para ser destruidos, en vez de elegir el progreso y el bienestar para su sufrida gente. Hay más ejemplos, todos ellos pruebas de la irracionalidad del odio.

Desde la instauración de la República Islámica de Irán, hace ya cuarenta y siete años, percibió a Israel como un enemigo al que combatir. El actual primer ministro de Israel ha denunciado por décadas la política del gigante persa. También muchos otros personeros israelíes, hoy mucho más que hace tan solo unos meses. Irán mencionó varias veces que había que borrar a Israel del mapa. Tomando en cuenta sus capacidades y poderío, su cantidad de proxies, la resolución de sus aliados y sus iniciativas nucleares y armamentistas, no se trataba de una broma.

Con todo y lo antes mencionado, aun después del 7 de octubre de 2023 y la guerra en Gaza —con su extensión contra Hezbolá en el Líbano y los hutíes del Yemen—, con las intrincadas negociaciones para regular su programa nuclear y su plan de misiles y cohetes, muchos, por no decir una gran mayoría, no tomaron en serio las capacidades de Irán ni sus intenciones. Y mucho menos su recia determinación de enfrentar a Israel, aun contando este último con el apoyo de Estados Unidos y su presidente, sin contemplaciones para con las pérdidas propias, en la absoluta convicción de que ni la derrota ni la rendición están en su agenda.

Al escribir esta nota estamos en la cuarta semana de guerra. Irán ha sido azotado por bombardeos múltiples y bien direccionados. Su infraestructura ha sufrido y está amenazada aquella que presta servicios básicos a su numerosa población de unos noventa millones de habitantes. No parece que Irán vaya a ganar la guerra con sus buques hundidos, sin defensa aérea y a merced de los aviones norteamericanos e israelíes; pero envía docenas de misiles contra Israel y otros vecinos, sin importar su condición de correligionarios ni tampoco la eventualidad de represalias.

La custodia de sus instalaciones nucleares casi invulnerables, la gran capacidad de fuego de misiles y cohetes hacia todas direcciones y alcances medianos y largos, la industria de drones y su manejo, la diplomacia firme, la cantidad de aliados y proxies, el temor que infunde en su población y en sus adversarios que prefieren evitar enfrentamientos, sus acciones y conducta en lo que va de guerra, nos dan la certeza de que Israel y su primer ministro no estaban equivocados: Irán es una amenaza existencial para Israel.

El pueblo y el país de los milagros va sorteando eso…. amenazas existenciales.

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